Pinceladas sombrías, paradojas y divertimentos

Poeta-de-papel-tapa-webA mediados de los años 70, las señas identitarias de Alfonso Gumucio Dagron correspondían a su labor periodística y cinematográfica: crónicas, entrevistas, comentarios de actualidad y películas documentales, respectivamente (sin olvidar su imprescindible Historia del Cine Boliviano).

Experto, además, en comunicación social, Gumucio desempeñó una intensa actividad, durante más de tres décadas, en varios países de nuestro continente y, luego, en Centroamérica, Asia y África.

Su valiosa aportación fue reconocida y elogiada por destacados especialistas en la materia  (un número especial sobre él en Chasqui, Revista Latinoamericana de Comunicación, número 116, diciembre 2011).  John Downing, de la Universidad de Southern Illinois, le considera “un enérgico protagonista de estrategias participativas de comunicación para el desarrollo, activista-analista y herrero apasionado”. Y Luis Ramiro Beltrán (uno de los fundadores del pensamiento latinoamericano de comunicación) le conceptúa un auténtico “promotor internacional de la comunicación para el cambio social”.
Poeta de papel - Banner.jpgAlfonso Gumucio Dagron es también poeta y narrador. Sus relatos figuran en diferentes antologías y han sido reunidos en el libro Cruentos (2012) y, hasta la fecha, ha publicado cinco volúmenes de poemas.

Su primera incursión en el género fue Antología del asco, un debut airado y contundente, alusivo a las dramáticas circunstancias políticas y sociales por las que atravesaban Bolivia, Chile y España (antes y después de su publicación).

Sus siguientes títulos (no menos significativos) recogen las impresiones de la que sería para él una existencia casi nómada y, hasta cierto punto, impredecible: Razones técnicas  (expresión tomada en préstamo de su admirado Julio Cortázar, a quien conoció en París), Sentímetros (con “s” de sentimientos), Sobras completas (selección de poemas que se quedaron en el tintero) y Memoria de caracoles, poemas “caribeños”, sensuales y reflexivos a la vez, inspirados por una larga permanencia en aquellas latitudes pletóricas y agobiantes.

Poeta de papel (2016) alterna el registro minimalista, la pincelada sombría, la paradoja y el simple divertimento (el poema “Numerología”, por ejemplo).

Malabarista-_-Marcos-Loayza.jpgObra de un autor culto y multifacético, el libro contiene numerosos guiños literarios y cinéfilos; menciona a Kafka y a Jacques Prévert, poeta del surrealismo, a Georges Méliès, artesano soñador y uno de los padres del cine y evoca la figura del mismísimo Theo Angelopoulos cuando escribe hoy no me alcanza el vocabulario, alusión a la historia del poeta que, de retorno en su país, “compraba” palabras de su idioma nativo, casi olvidado tras un largo exilio, referida en el film La eternidad y un día.

En Poeta de papel es perceptible una nota diferencial con respecto a los anteriores títulos, premonitoria, desasosegante, y que atraviesa como un escalofrío determinados tramos de su discurso poético: la explícita referencia a la muerte.

Los que “ya tienen una edad”, como suele decirse, son más proclives a pensamientos de esta naturaleza (¡cuánto más no lo será un poeta!)

Henning Mankell, en una de las últimas entrevistas que concedió, dijo: “Envejecer es como caminar por una capa de hielo cada vez más fina”.

Sin embargo, apostaría en este caso por las palabras del águila: Hay que seguir volando.

Alfonso-Gumucio-y-Raul-Teixido-en-BarcelonaAlfonso Gumucio Dagron ha llevado una vida de envidiable coherencia, no exenta de riesgos y de momentos críticos, en lo personal y en lo profesional. A estas alturas no corre peligro de convertirse “en el que no quería ser”, como manifiesta en uno de sus poemas. Al contrario, creo que Alfonso seguirá  siendo el mismo (es decir él mismo) que conocemos y conocimos (todo es pasado, esta línea ya es pasado), durante mucho tiempo más, porque así tiene que ser y está bien así.

 

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El cine de Alejandro Pereyra

 

El camino que un cineasta vocacional tiene frente a sí, es difícil e impredecible. Y la posibilidad de materializar sus proyectos, muy remota.

film3Además de talento y paciencia, precisa, inexcusablemente, de un mínimo soporte técnico para plasmar en imágenes la historia escrita en el guion. Sin olvidar un elemento clave, ajeno al proceso creativo, pero no por ello menos determinante: un distribuidor, cuyo cometido es poner la película al alcance del público, su legítimo destinatario. ¿Cuánto tiempo puede transcurrir entre la primera toma y el estreno de un film independiente?

Meses, incluso años. Los que asumen este riesgo lo saben muy bien. Unos pocos logran su objetivo. Y luego, hasta tienen otra historia que contar: la de cómo consiguieron hacerlo, a pesar de todo.

cine-dineroDentro de la llamada “industria del entretenimiento” (denominación de origen de cuño hollywoodense), es de dominio general que los productores trabajan únicamente con la vista puesta en los beneficios. En cambio, el cine de valores formales o conceptuales, alejado de las repetitivas y alienantes historietas de buenos y malos que proliferan por doquier (el cine serio, en una palabra), es considerado “veneno para la taquilla” por las multinacionales del ocio, y relegado, por lo tanto, a ser exhibido en circuitos minoritarios, para un público fiel, pero escaso. Es de lo que hablamos cuando hablamos de cine, parafraseando el título de un relato de Raymond Carver, es decir, de “cine de autor”, el único que garantiza que, en el futuro, aún sea posible referirnos al séptimo arte sin ruborizarnos.

La buena noticia que se propone trasmitir este comentario más bien desalentador, a mi pesar, es que Bolivia también cuenta con algunos adeptos a la sociedad casi secreta de quienes, en este terreno, están empeñados en hacer algo diferente.

 

Alejandro Pereyra Doria Medina-retrato.jpg

Alejandro Pereyra Doria-Medina (¡lo habéis adivinado!) es uno de ellos, y estas líneas pretenden aproximar su obra a los cinéfilos (bastantes, al parecer) que aún no la conocen, puesto que permanece inédita en nuestro país.

Poeta y fotógrafo, Alejandro estudió cine en Múnich, posee un envidiable bagaje  literario, musical y cinematográfico y, hasta la fecha, ha realizado tres largometrajes, entre el 2006 y el 2015:  Mirar, Verse y Luz en la copa.

Everse-carteln el primero de ellos, un niño solitario, curioso y receptivo, se inicia inconscientemente en el conocimiento del mundo, mediante la observación distraída de cuanto le rodea,  y de las personas que lo habitan. Ante su mirada ingenua (“primigenia”, diríamos), se suceden los pequeños acontecimientos sin historia que conforman la vida cotidiana de su entorno humilde y remoto.

Verse está construida a partir de una anécdota mínima: el hijo, que se va al extranjero en busca de una vida más digna, y la madre que, sin saberlo,  vivirá esperando un retorno que no se producirá jamás, aferrada a unos recuerdos que la distancia y la vejez irán desdibujando lentamente.

Exhibida en los festivales de Sao Paulo, Roma, Beirut y Trieste, obtuvo en éste último el premio del público (2011).

luz-en-la-copa-imagenLuz en la copa se sustenta en cuatro historias meticulosamente deconstruidas –es decir, expuestas por segmentos (a modo de páginas arrancadas de una novela)  e integradas en una totalidad fílmica que, a su vez, constituye una narración independiente de las propias historias que la componen. Luz en la copa da la impresión de ir tomando forma a medida que la contemplamos. Su montaje, pródigo en metáforas visuales, funciona como contrapartida visible de los sentimientos de sus personajes. Sin duda, es la película más “radical” de Alejandro, la que con mayor coherencia su personal código estético. Es un film abierto, en el sentido de que existen casi tantas posibilidades de interpretación como espectadores que tengan la oportunidad de verlo. Por lo demás, ¿qué sentido tendría apelar a un lenguaje convencional para explicar un producto cuya mayor virtud es, precisamente, su ausencia de convencionalidad?  (Pensemos en el caso de El año pasado en Marienbad, por ejemplo: ¿es cine, literatura, sueño, realidad… o un curioso ejemplo de simbiosis de esos cuatro elementos, que va más allá de su propio contenido formal?

Luz en la copa - cartel.jpgDesde una perspectiva puramente subjetiva, de Luz en la copa me quedo con la singular belleza de la niña Alana Salinas, con la pareja de novios, que se comunican por medio de un lenguaje de signos, con Santiago, el “hombre que regresa” tras una larga ausencia, inútil y derrotado, y se abraza al fantasma de su madre (el fracaso y la muerte van cogidos de la mano)… Destaco, asimismo, la imagen de la plaza de la Recoleta (escenario indisolublemente ligado a mi niñez), que Pereyra captura en un momento irrepetible: bajo una lluvia torrencial, iluminada por los relámpagos, evoca la imagen de un río desbordado. La desolación de los escenarios naturales del film (extramuros de la ciudad, campo abierto) y los cielos, permanentemente nublados y amenazantes.

Al margen de la opinión que podamos hacernos de la obra de Alejandro Pereyra, considero de estricta justicia que el fruto de un trabajo de largos años –que no recibió ayuda privada ni subvención de ninguna naturaleza- realizado únicamente por el autor y sus escasos colaboradores , debería ser reconocido sin la menor reserva.

 

Exhumación

Un trastero sumido en el abandono. Rastros de humedad en las paredes. Periódicos y revistas (noticias antiguas, rostros olvidados) en una estantería maltrecha, bajo una capa de polvo. En una de las esquinas, a resguardo de eventuales goteras, el cajón en el que guardé aquella pequeña parte de mi patrimonio (novelas, en particular) de la que no quise desprenderme, hace ya mucho tiempo, en vísperas de un largo viaje.

Retiro, uno detrás de otro, los clavos herrumbrosos que sellan la tapa. Y reencuentro a los compañeros invisibles de mis años jóvenes, que acuden a mi memoria como traídos por una brisa de primavera:

More Books

la mujer más hermosa que podían ver ojos humanos, soberana del reino subterráneo de Khôr, un laberinto de pasadizos custodiados por celosos guardianes (Ayesha);

casa solariega rodeada de verdes colinas y ríos cristalinos. Largos atardeceres tropicales y, asomada a la ventana, una doncella consumida por la tristeza (María);

una clínica de reposo al pie de los Alpes, donde mentes preclaras mantienen un porfiado duelo dialéctico en su intento por retrasar la llegada de la muerte (La montaña mágica);

un joven detective obsesionado por resolver un caso inextricable, que llega a poner en peligro su propia cordura (El misterio del cuarto amarillo);

un genio de la música, devorado por su insaciable sed de inmortalidad (Juan Cristóbal);

personajes lúbricos, inocentes, siniestros, mundanos, en la penumbra del Medioevo, bajo el signo de la fatalidad que gobierna sus destinos (Nuestra Señora de París);

la hija de un sencillo pescador, enamorada hasta el último suspiro de un poeta que visita su aldea (Graziella);

miserias de la condición humana puestas al descubierto por un investigador acucioso e imperturbable, entre brumas y humo de pipa (El comisario Maigret);

Mademoiselle Yvonne de Galais, hecha de niebla y aroma de flores silvestres, dulce, gentil… y efímera, como una flor recién cortada, sin un artista que perpetuara su belleza en un lienzo antes de la hora fatídica de su muerte… y del eterno reposo, en oscura soledad, bajo tierra provenzal, sobre un mullido lecho de seda…(El gran Meaulnes).

Estaban también Loti, Bordeaux, Turguéniev, Fóscolo… ¡y tantos otros!

Escritor maquinaMi breve reseña se reduce a evocar aquellas vidas remotas, intensas, de las que fui ensimismado copartícipe. Mundo de ayer al que consagré más tiempo –quizá demasiado—que a mi entorno y a mis circunstancias personales (un traje estrecho en el que nunca me sentí a gusto) durante mi larga adolescencia, inviolable, como una cámara secreta…

Igual que en anteriores visitas a la ciudad de mis fantasmas, también en esta última eché en falta el tañido de las campanas del cercano templo de la Recoleta, las golondrinas que anidaban en los techos de casa, el cielo estrellado, las noches de luna llena…

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En mis paseos, los asientos del parque me parecieron desangelados (antaño era frecuente ver allí algún alma solitaria que leía o meditaba), y la estación del ferrocarril, mi Orient Express particular (todos mis imaginarios viajes por el mundo empezaban allí), hoy inicuamente derruida. ¡Qué decir de los campos, lejanos, extensos, que contemplaba desde el mirador natural de la galería de casa: un paisaje desacralizado por las sucesivas urbanizaciones y la gente menuda y presurosa que las habita!

Con ánimo sombrío percibí –en esta ocasión casi diría que con mayor contundencia- que, por doquier, la realidad pugnaba por imponerse a mis recuerdos, el hoy al ayer, lo banal e inmediato a lo esencial… Sin embargo, también esta vez salí indemne de esa intrínseca confrontación, salvaguardando la memoria de mi antiguo reino. Y es que la fuente del camino –en palabras del maestro Tagore—reserva siempre, en lo más recóndito de sí misma, una última gota de agua, para no morir de sed.

Las propuestas de un viajero al atardecer

Gaby Vallejo Canedo

 

Viajeros-del-atardecer-Teixido-[tapa]Con el título Viajeros al atardecer, Raúl Teixido, escritor boliviano residente en Barcelona, publica en Bolivia en Plural Editores 2014, un breve libro. La bellísima portada del libro, una fotografía de Alfonso Gumucio Dagron, induce a pensar en el atardecer, entre torres de iglesias difusas en la niebla y en contraste, casi negro total, en el agua, los navegantes   y los puentes situados en un primer plano, como elementos vinculados con “los viajes”.

Raúl Teixidó, es un escritor de una decena de libros de narrativa publicados en Bolivia, Los habitantes del alba, A la orilla de los viejos días, Neón y terciopelo entre otros. En este libro asume el propósito muy personal, ser casi tres escritores, en tres narraciones completamente distintas en tono, en estilo y estructura.

La primera titulada “Malos presagios” se apropia completamente del estilo dialogal. El cuento redondo es la conversación entre un maestro universitario y un policía, en un lenguaje cuidado, académico, con informaciones y opiniones. Los conversadores abarcan varios temas: el tiempo real, el tiempo mental, las ambiciones y la falta de escrúpulos en los políticos, la vida como una universidad, las lecturas posibles de la historia, la impostura de las democracias, etc.

sombrasAparece en el diálogo, escritores, ya sea para refrendar una expresión y como para iniciar un temática: Máximo Gorki, Saint Exupéry, Cesar Pavese, Makarenko. La cátedra, la vida profesional, estudiantil, son otros temas que estimulan la charla.

En esta rica conversación no existen acotaciones que introduzcan datos del lugar, las circunstancias, la época, el ambiente, algo externo que complemente el diálogo. No se describe a los protagonistas, ni sus actitudes.

No sucede nada, o tal vez sucede que ambos, a medida que se desarrolla la conversación, se sienten capaces de enriquecer los temas de la conversación cada uno a su modo. Se produce el descubrimiento del otro, la admiración por el otro. Cada uno, se explaya en un discurso bien construido, repleto de comentarios, críticas, opiniones. Cuando se despiden queda la certidumbre de “la delicia del hablar”.

Sombra-de-la-alcoba-Leonarda-Guinzburg-by-Yé-Yé-for-Tony-Cantero-Suárez.jpgEn la segunda narración “London UK, 1985” percibimos un salto. Se trata inicialmente de la etnografía de una zona de prostíbulos de Londres. Los detalles son recogidos con un verdadero detenimiento de un investigador, un estudioso de las calles, cafés, plazas, personas, actitudes. El protagonista, un joven estudiante latino, becado en Londres, para estudiar inglés y literatura, se encuentra metido en una zona de prostíbulos.

El relato se desarrolla desde la primera persona, un estudiante, que es quien cuenta, quien rememora muchos años después.

En aquellas “jaulas de lujo” donde las stripers realizan acrobacias sexuales para los “enfebrecidos” visitantes circunstanciales, el protagonista establece una relación casi imposible con una striper. La ingenuidad y honestidad del joven estudiante intrigan a la mujer. Ella, al percibir una actitud novedosa en el joven, tan distinta a la que está acostumbrada, se muestra condescendiente y agradable. Esta relación dura un cierto tiempo. Es la constatación de que es posible destapar los buenos sentimientos en las personas de los bajos mundos. Sólo que Vicky, la mujer, tiene que vivir y usar su cuerpo para sobrevivir y la relación del “chiquillo” y la mujer mayor debe llegar a su fin.

Algunos pasajes nos recuerdan a la Maga de Rayuela. Vicky tiene la sensibilidad de la mujer sencilla frente a los discursos del joven filósofo e inquisidor. La inocencia intelectual, la admiración de Vicky por el pensamiento y la palabra del “chiquillo” están acompañadas al mismo tiempo por la mujer – sexo y placer.

Tal vez el alejamiento definitivo, de acuerdo mutuo, que se da al final, hace crecer dolorosamente al joven, o le enseña la realidad. Se retira de la zona, de la mujer, con la sensación de pérdida, de vacío, al “oscuro fondo de mi propia nada”, en palabras del protagonista.

Como vemos esta narración usa otras estrategias narrativas. Después de los registros   etnográficos, el narrador se detiene en contar, en primera persona, las aventuras iniciáticas de su juventud de estudiante que finaliza con el aprendizaje de la fría realidad.

sombra-1.jpgLa tercera narración “35º, a la sombra”, es un encuentro con un lenguaje jurídico, ya que se trata de los sucesos que protagoniza un joven abogado que debe cumplir con el “año de provincia” para tener el título nacional de abogacía. La narración ofrece una serie de retratos de los pobladores más importantes y típicos del pueblo: el juez, el cura, el dueño del restaurante, el poderoso comerciante, un asesino extranjero desde el protagonista que registra el qué hacer de la vida de provincia con que se enfrenta.

La relación que el protagonista establece con el cura, está vinculada con la literatura y la lectura. Escritores del existencialismo cristiano, como Grahan Green, Bernanos, Mauriac, Paul Claudel ocupan momentos de la conversación.

El caso del asesinado de una mujer italiana por el esposo que de pronto, se sabe traicionado y la obligación que tiene el protagonista de conseguir las declaraciones del asesino, como su abogado de oficio, muestra un narrador de garra. Escenas fuertes, impresionantes, en un estilo duro distancian del narrador culto y moderado de los otros relatos del libro.

Por otro lado, el relato acentúa la descripción de la infidelidad y del trato claramente abusivo y machista del gerente de la compañía petrolera, que seduce y después rechaza a la italiana. El autor ha descrito de cuerpo entero a muchos varones que se creen con el derecho de usar impunemente a las mujeres debido al poder y dinero que tienen. Las expresiones del gerente son clave para entender ese mundo machista, instituido por siglos. Las escenas, por su fuerza, son tan contundentes, que son un alegato a favor de la mujer, sin expresar absolutamente que lo son.

Después del encuentro con el pueblo, el protagonista retorna a los sucesos cotidianos de su vida anterior. En ella, al amor sin altibajos, tranquilo, perfecto en proporción del estilo de ser del abogado narrador. Un amor que lima, acoge, un amor limpio. Un detalle sugestivo: la mujer protagonista del relato se llama también Virginia como en el cuento anterior.

El contenido, las situaciones, la dimensión de los personajes y la estructura de “35º, a la sombra” son más complejos que las narraciones anteriores, por lo que parece más bien una novela corta.

Los tres relatos de este libro, con estilos, tonos y estructuras totalmente distintos, muestran, algo así como el desafío de un escritor maduro, de probarse -como dijimos al principio – como tres escritores distintos.

La literatura como necesidad vital

Martín Zelaya Sánchez

Con Raúl Teixidó nos conocimos a inicios de este mes (∗), algunas semanas después de haber hecho esta entrevista.

La anterior frase, como tantas otras que se emplean hoy en conversaciones cotidianas, aunque no tiene neologismos ni tecnicismos, no sería comprensible, no tendría sentido, hace tan sólo un par de décadas, cuando la ausencia de internet nos alejaba y separaba irremediablemente al capricho de las distancias.

Alfonso-Gumucio+Wilmer-Urrelo+Martin-Zelaya+Mariano-Baptista+Raul-Teixido

Raúl Teixidó (a la derecha), junto a Mariano Baptista Gumucio, Wilmer Urrelo, Martín Zelaya y Alfonso Gumucio Dagron

El intercambio de correos electrónicos me permitió entrevistarlo, pero no conocer el tono de voz, el carácter y la impronta de Raúl, su entretenida conversación -llena de referencias a autores, libros y películas-, detalles con los que finalmente pude familiarizarme hace un par de sábados en una amena tertulia junto a Alfonso Gumucio Dagron, Wilmer Urrelo, Mariano Baptista Gumucio y Beatriz Rossells, amables anfitriones los dos últimos, y ella dilecta amiga de Raúl desde sus buenos tiempos de lectores voraces en su natal Sucre.

Raúl Teixidó y su otro yo

Raúl Teixidó y su otro yo

“Me considero un ‘escritor introspectivo’, como decían antaño los profesores de literatura. El ‘universo interior’ es mi territorio de caza”, comenta Raúl desde un cibercafé en Catalunya -pues la charla en La Paz además de lecturas y bibliotecas, giró en torno a la muerte de Pando, el fusilamiento de Jáuregui y la insólita historia de Apolonia, temas que hace mucho apasionan a Baptista y Urrelo… pero ése es tema de otra ocasión.

A sus setenta y pocos años Teixidó aprendió apenas a usar internet, no disfruta de leer sino en libros de papel – no reniega de los ebook pero no los emplea- y no tiene smartphones, tablets u otros aparatos de última generación. Es, y así se entiende a los minutos de entablar diálogo, un caballero de los de antes, que no anticuado, pues es un hombre de mundo, de amplio bagaje, numerosos viajes y, sobre todo, incontables y variadas lecturas, lo que se aprecia nada más hojear su prosa.

 ¿Cómo describe en sus propias palabras la experiencia literaria en general y la suya, específicamente?

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El escritor francés Saint-Exupéry

Una cita de Antoine de Saint-Exupéry (uno de mis autores “de cabecera”) aclarará mucho las cosas. “No soy un escritor profesional. Sólo puedo escribir sobre aquello que conozco y he vivido”. Salvando las distancias, esos términos se ajustan exactamente a mi caso. Es decir, mi obra es una rigurosa proyección de mi personalidad, con el aporte de la experiencia que todos, en mayor o menor medida, hemos adquirido a lo largo de los años. Mi labor literaria es resultado de una necesidad vital, no se ajusta a plazos establecidos ni a “requisitos” de ninguna naturaleza, como ocurre con la literatura comercial. Escribo sólo si experimento la necesidad de hacerlo.

¿Y a qué responde esa necesidad? ¿Qué es lo que busca, lo que persigue en su literatura? 

No me interesa, en absoluto, la técnica y el oficio (a veces, notables) de los autores comerciales, cuyo mayor objetivo es “atrapar” al lector a través de la historia que desarrollan; una actividad perfectamente lícita, dicho sea de paso.  Sin embargo, como escritor, experimento, ante todo, la necesidad de “contar” una historia y luego lo hago de la mejor manera posible. De algún modo, podríamos decir que, en mi caso, ocurre a la inversa: es la historia la que “atrapa” al autor.

 Entiendo que es un amante del cine. ¿Cómo influyen el lenguaje y el concepto cinematográfico general en su modo de escribir?

cinefiloEn el fondo, mi relación con el cine es una auténtica love story (me remito a mi libro autobiográfico A la orilla de los viejos días). Mi ilusión, desde los 16 años, fue estudiar cine. Pocos lo sabían. Manifestarlo abiertamente en Sucre, a comienzos de los 60, hubiera ocasionado que muchos me tomaran por alienígena, o algo peor. Me resigné, pues, a considerarme un cineasta frustrado. Por fortuna para mí, la Literatura (con mayúscula) vino a socorrerme, como un hada buena. De hecho, algunos de mis relatos son, en el fondo, otras tantas películas que me hubiera gustado realizar: “Heroína”, “Un romance de ayer”, “El secreto de la esfinge”…  Tal como apunta Alfonso Gumucio, con perspicacia de consumado lector, en algunos de mis relatos, la “acción” está dividida en secuencias. Incluso son perceptibles (recordemos que Alfonso es cineasta) sutiles “fundidos” en el paso de una a otra (en el texto aparecen separadas del párrafo precedente por un doble espacio entre líneas).

Para terminar el breve cuestionario, no pude evitar una pregunta casi de manual, casi inevitable.  ¿Qué apreciaciones tiene sobre la literatura boliviana actual? ¿Qué libros y autores destaca? 

He leído novelas de Edmundo Paz Soldán y de Gonzalo Lema. Me parecen excelentes narradores. Sé que hay unos cuantos más y creo que eso es bueno para nuestras letras. Les deseo lo mejor.

Viajeros-del-atardecer-Teixido-[tapa]Ah, y finalmente, el objetivo de la entrevista por email era hablar de Viajeros del atardecer (Plural, 2015) su nuevo libro de cuentos que presentó en abril en La Paz y otras ciudades del país y que motivó, seguramente con otros asuntos, su momentáneo retorno, después de mucho tiempo.  El título de su libro remite a dos ejes temáticos; viaje: desplazamiento, inercia y atardecer: tiempo final, momento de la verdad. ¿Puede esto, de alguna manera, describir la esencia de sus relatos? ¿Hay un hilo conductor común que relacione estos conceptos, o a cualquier otro?

Parafraseando el título de una obra del dramaturgo Eugene O’Neill, creo que la vida es un viaje (no demasiado largo) de un día hacia la noche.
Mi primer libro de relatos fue Los habitantes del alba (1969). Obviamente, aludía a los personajes que aparecían en ellos, fruto de aquella temprana época creativa. Consecuentemente -y por razones “cronológicas”- mi obra más reciente (integrada por tres relatos, lo mismo que la antes mencionada) se titula Viajeros del atardecer. Independientemente de la edad, profesión o condición social de los protagonistas, éstos son, ante todo, producto del “otoño” de mi labor creativa. Los conceptos expresados en su pregunta: viaje, inercia, desplazamiento, atardecer -en sentido figurado-, tiempo final y momento de la verdad, en mi caso, están indisolublemente ligados a mi experiencia vital y literaria.

∗ Esta entrevista fue publicada originalmente en el suplemente Letra Siete del diario Página Siete (La Paz, Bolivia), en fecha 23 de mayo de 2015.

Escribo, luego soy

1.

Crear personajes imaginarios, enfrentarlos a dilemas y contratiempos, al tormento de la duda, a la luz de la certeza, a mil formas de muerte, es la manera que tienen los auténticos escritores de librar su particular combate con el adversario. En este sentido, ¿hasta qué punto puede afirmarse que un relato o una novela son solo ficción?

Espejo roto2.

Mirarse al espejo y reconocer, fundidas en una sola imagen, al verdugo y a la víctima…

3.

La prudencia aconseja tener cuidado con lo que deseamos, ya que nuestras propias decisiones pueden ser las que, a la postre, entierren nuestras esperanzas. Diríase, pues, que disponemos de solamente dos opciones viables: ver pasar los trenes o lanzarnos, un día, al paso de cualquiera de ellos.

4.

Si llegamos a asumir nuestras equivocaciones demasiado tarde, solo dispondremos del tiempo necesario para componer un bonito epitafio.

Old_book_bindings.jpg5.

Sin retórica ni sentimiento de superioridad, desdeñé sistemáticamente los condicionamientos de la llamada “vida real”, persuadido de que esa actitud no me afectaría en el futuro. Cuando las consecuencias de ésta empezaron a multiplicarse, me sentí “traicionado”. Tagore escribió en alguna oportunidad (cito de memoria) que leemos mal en el libro de la vida y decimos luego que el mundo nos engaña… En mi caso, ¿era posible recuperar al menos una parte de cuanto me privó mi solemne indiferencia hacia las “pequeñas cosas”? ¿Lograr que, al final del trayecto, me reconfortara algo más que la memoria de mi solitaria aventura?

6.

Compartir: verbo ajeno al desgaste del tiempo y a los convencionalismos, estrechamente relacionado con el “secreto de la felicidad” que todos ambicionamos descubrir un día.

7.

Vivir sin tener conciencia del milagro en el que estamos inmersos: risas fáciles, pesares llevaderos, satisfacciones convencionales, optimismo crónico. Vulgaridad, en suma. (“Bienaventurados los imbéciles” afirmó, con razón, Giovanni Papini). Llevar una existencia auténtica, en cambio, consiste en ser y no solo en parecer. Algo así como saber en todo momento quién eres y lo que pretendes.

8.

El deber ineludible de todo “perdedor” (concepto infamante forjado en la ultracompetitiva sociedad norteamericana) consiste en no aceptar jamás su pretendida derrota, y no suscitar la compasión y el desprecio de su entorno, que le mirará como a un apestado. El amor propio es el único recurso de que dispone para fortalecer su autoestima y llevar la cabeza alta, para sorpresa y desengaño de sus “amigos”, que se regocijan cuando alguno de sus vecinos o compañeros de trabajo acaba en el cubo de la basura.

desengano9.

En términos generales, la vida ha consistido, para mí, en un viaje desde el romanticismo más exacerbado de mi juventud hasta el desengaño teñido de perplejidad de mis años de madurez. La ética personal y la razón no parecen haber bastado para llegar adonde me proponía. ¿Omití algún requisito indispensable a lo largo del camino, que podría haberme garantizado el éxito? ¿O simplemente me senté a la mesa de juego, como hacen todos, y me tocaron las peores cartas?

10.

“Ya no vivo de veras. Me siento como el reflejo de un hombre en el agua”  -Jules Renard (Diarios).

The end

Raúl Teixidó, sucrense de nacimiento

por Luis Ríos Quiroga

El sucrense de nacimiento alimenta su carácter con las características propias de la tierra natal: sentimentalismo romántico y ensoñador; respeto y culto al pasado; amor, de la elegancia; la fertilidad del ingenio para la tomadura de pelo, la ironía, el apodo, la sátira.

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Raúl Teixidó y Luis Ríos Quiroga

Estas cualidades se manifiestan en la idiosincrasia del sucrense y principalmente en la literatura y en las artes.

Raúl Teixidó, sucrense de nacimiento, en nuestro entender, reflejó algunas de las cualidades antes citadas en su producción literaria temprana porque constituye un componente importante para la evaluación de la obra literaria de Raúl Teixidó.

La obra “primeriza” encuentra a un autor joven en el uso· pleno de la facultad creadora:

A los 22 años de edad se identifica cuentista de profunda subjetividad con “El Sueño del Pez”. Una excursión imaginativa a un submundo acuático, maravilloso. Todo parece tan objetivo, tan real , menos la circunstancia fundamental de la realidad. La trama se reduce a un tema inmerso en honda subjetividad que expresa a la vez el sentimentalismo romántico sucrense de honda subjetividad lindante con el ensueño.

El lector, con mayor accesibilidad temática, podrá apreciar a través del sentimentalismo romántico y ensoñador, las preocupaciones inesperadas y aspectos tan diversos en los tres relatos de “Los habitantes del Alba”.

Viajeros-del-atardecer-Teixido-[tapa]Trilogía novelesca inspirada en los valores humanos del amor, la esperanza y la amistad. Un tierno amor primero. La separación definitiva en el momento de la felicidad y finalmente la frustración individual por un egocentrismo personal. Historias de adolescencia y juventud, de dominio estilístico en lo escrito .

“Mundillo de trastienda” frase irónica y de apodo embalsamador para la tierra natal que Raúl Teixidó escribe en la obra “La puerta que da al camino” y en cuya contratapa y como en proyección cinematográfica ofrece visiones que aluden a la ciudad de Sucre. En un párrafo de lenguaje sencillo dice:

La puerta que da al camino evoca una serie de figuras y de situaciones vividas y observadas en la complicidad de una general servidumbre, la de la vida recoleta y obtusa en cualquier pequeña ciudad de un continente subdesarrollado. Mundillo de trastienda, de efímeros eventos, de anónimos heroísmos, a menudo mezquino y vulgar y en permanente estado de desperdicio vital: “destino inexorable” para las gentes que lo padecen en la ignorancia del verdadero nombre de su mal.

Inventario doméstico, ficción, devaneo, exorcismo, propuesta analítica, experimentación … o quién sabe si tan sólo material para una sociología del estancamiento, de cualquier modo este libro pertenece ya a los lectores, y en general a los hombres de mi país.

La carta publicada en La puerta que da al camino destinada a Carlos Lora Urcullo, tiene el encabezamiento siguiente: “Para Carlos Lora U., cómplice de ilusiones perdidas , con veinte años de amistad”.

Es una carta de despedida, cuando Raúl Teixidó, resuelve viajar a España dejando definitivamente la ciudad de Sucre. Carta colmada de vivencias compartidas con el amigo y dando a conocer en el recuerdo distintas perspectivas de la ciudad al logro de un propósito testimonial.

Finalmente me aventuro en opinar que en la obra inicial de Teixidó está inmerso su amor por el “terruño” incluyendo el “mundillo de trastienda” que a través de los matices del dramatismo popular son afirmaciones de vida. Una manera de vivir regional que sus protagonistas convierten en ética y que don Raúl Teixidó Pabón , sucrense de nacimiento, expresa en estética que es esencial y genérico a su obra literaria .

Sucre, abril de 2015

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